domingo, 13 de diciembre de 2009

13.12.09 o Vol. XXV

07.19 a.m.: Un tiro en la chacón. OK, me fui un poco al carajo. Me puse cataclíptica y pelotuda. Estoy diciendo pelotudeces? Estoy medio como que rozando el límite de lo pelotudo no?
Es necesario ser tan poco conformista? Dale, no hay que seguir pidiendo más. No se puede pedir más.
O peor, no HAY más que pedir.
Sigo tirando de la soga como si pudiera ganar por cansancio y no es así.
Estoy jugando con fuego y no tengo ganas de terminar con quemaduras de 3er grado. No está bueno.
O sea, llegado a cierto punto hay que aceptar que se pierde, que la gente no está dispuesta a dar más, por mucho que reciba.
A ver Maga, nos ponemos un alto, un STOP en el camino a la perdición inminente.
Eso sería copado.
Poder decir, ok listo, suficiente, antes de pegarse el palazo sería más que ideal.
Pero las cosas nunca fueron tan fáciles. No se puede pretender cortar la ilusión y lo que es peor, no se puede pretender dejar de ser una pelotuda ilusionada y manejarse por eso.
Es casi imposible no esperar más de alguien que se sabe que lo tiene, aunque sea enterrado bajo capas y capas de piratería.
Lo más patético es que me es imposible no creerme capaz de correr todas esas capas y llegar al corazón del bombón.
Ok, metáfora más grasa no encontré.

martes, 8 de diciembre de 2009

08.12.09 o Vol. XXIV

07.14 a.m:
No hay que dejar que nos persiga el pasado.
Todos cometemos errores. Es nuestra manera de aprender a vivir.
Mezclar el pasado con el presente, aunque sólo sea para comparar, nunca lleva a nada bueno.
No se puede vivir condicionado y delimitado por lo que alguna vez fuimos, dijimos o hicimos.
Mucho menos por lo que nos hicieron.
Hoy por hoy, ya no puedo evitar lo inminente.
Inminente? Lo que pasa.
Hace 5 años que no me permito enamorarme.
Considero que seguir negándomelo no sólo no lo va a hacer irreal, sino que no va a ayudarme a superarlo.
Es el momento de dejar que los sentimientos sean lo que tengan que ser, y arriesgarse a ganar o perder.
Conociéndome es extraño que elija una persona tan propensa a no lastimarme.
Quizás sea eso lo que me hace bien. Saber que puedo confiar en él, como amigo, como hombre y como persona.
Repito, no necesariamente estemos condenados a repetir una y otra vez la misma historia, no siempre nos van a lastimar de la misma forma.
Y sé que el no sería capaz de hacerme sentir así.
Lo tengo idealizado.
Hoy leí en un libro de Rolón, que el desarrollo de un amor maduro consta de tres etapa; el enamoramiento, la desilusión y la aceptación de la realidad.
Dice que en el primer momento, el amado es alguien maravilloso, carente de defectos, insuperable, y que esta casi endiosado.
En el segundo momento, empezamos a tomar conciencia de algunas imperfecciones en la persona amada. Esas imperfecciones nos generan desilusión y pena.
El tercer y último momento, es en el cual vemos y aceptamos al otro tal como es. Ni tan idealizado ni tan degradado. Ni dios, ni el demonio. Disfrutamos de sus virtudes y aceptamos sus faltas.
Yo hace cinco años que no soy capaz de superar la primera etapa.
Y por primera vez en mucho tiempo, me veo en condiciones de descubrir las cosas que no me gustan de él, que no son ni nulas ni demasiadas, y aceptarlo tal como es.
Porque lo veo como un ente, como un todo, con esas cosas que me encantan y con otras tantas que no tolero.
Lo acepto, lo recibo, lo amo.
A pesar de que gran parte de mí, intenta negarlo, intenta alejarme de esta certeza, y se niega a abrirse a otra persona por miedo a que pase lo mismo.
Pero no se puede vivir refugiado por el miedo.
Eso no es vivir.
Hoy me dijeron que lo que me falta es confianza en mí misma. No es sano seguir dando vueltas sobre lo que puedo o no hacer, mucho menos creer que todo se acerca más al no puedo, que al sí.
Por eso hoy pretendo cagarme en mi pasado, y abrirme una vez más, no con la certeza, pero sí con la esperanza de que va a ser diferente.
No voy a condicionarme ni limitarme a lo que yo considero que es una cantidad suficiente de amor para no sufrir.
Voy a dar lo que tengo para dar, esperando recibir algo a cambio.
Y voy a confiar, en que esta vez, tengo los recursos suficientes como para recibirlo.

sábado, 5 de diciembre de 2009

05.12.09 o Vol. XXIII


04.08 p.m.: Estando tan cerca de fin de año, no puedo evitar estar feliz.
Si, feliz es como muy fuerte, pero sí, estoy feliz.
Raro en mí. Pero últimamente estoy haciendo las cosas tan bien que es extraño. Y aunque no todo sea color de rosa, porque, hay que admitirlo, mi vida no es una película de Hollywood, dónde todos terminan enamorados y casados con el amor de su vida y todo les sale GENIAL, estoy contenta con cómo se están desenvolviendo los hechos.
Me dí cuenta que desde que tomé la decisión de estudiar lo que realmente quiero hacer el resto de mi vida me siento mucho mas libre, y tengo un optimismo bastante impropio pero la realidad es esa. Últimamente me siento capaz de casi cualquier cosa. Y cuando uno encara las cosas de manera positiva aparentemente todo sale mejor.
Es verdad que cuando una espera lo peor pasa lo peor. Será por la mala onda que uno le pone, no sé, pero al pensar en positivo, bueno OK, por momentos me siento una pelotuda optimista, es verdad. Cómo que con el optimismo siempre me pareció que dejás entrever esa parte inmadura y pelotuda que interiormente espera, desea y quiere que algo salga de determinada manera.
Siempre me pareció que el optimismo era de ingenuo y débil, y de hecho lo sigo pensando, pero cuando dejás salir esa parte ingenua y débil entre otras cosas, la realidad es que te chupa un huevo.
A mí me está chupando un huevo, porque me está haciendo bien.
Qué me importa saber que soy ingenua y débil si me hace feliz?
Tengo una energía positiva que hace mucho no sentía.
Y me río. Me río de todo, todo el tiempo.
Estoy tan contenta que no me reconozco.
Tan… satisfecha con todo que me parece que estoy viviendo la vida de otra persona.
Hace años no me sentía tan bien conmigo misma.
Tengo que admitir, que a pesar de sentirme vulnerable, lo acepto, lo digiero, y lo encuentro increíblemente bueno.
Confío mucho en mí, y nunca lo hice.
No sé, ya no encuentro más formas de decir lo bien que estoy.
Como sea, estoy orgullosa de mí.
Y parece que tengo para rato.