07.14 a.m:
No hay que dejar que nos persiga el pasado.
Todos cometemos errores. Es nuestra manera de aprender a vivir.
Mezclar el pasado con el presente, aunque sólo sea para comparar, nunca lleva a nada bueno.
No se puede vivir condicionado y delimitado por lo que alguna vez fuimos, dijimos o hicimos.
Mucho menos por lo que nos hicieron.
Hoy por hoy, ya no puedo evitar lo inminente.
Inminente? Lo que pasa.
Hace 5 años que no me permito enamorarme.
Considero que seguir negándomelo no sólo no lo va a hacer irreal, sino que no va a ayudarme a superarlo.
Es el momento de dejar que los sentimientos sean lo que tengan que ser, y arriesgarse a ganar o perder.
Conociéndome es extraño que elija una persona tan propensa a no lastimarme.
Quizás sea eso lo que me hace bien. Saber que puedo confiar en él, como amigo, como hombre y como persona.
Repito, no necesariamente estemos condenados a repetir una y otra vez la misma historia, no siempre nos van a lastimar de la misma forma.
Y sé que el no sería capaz de hacerme sentir así.
Lo tengo idealizado.
Hoy leí en un libro de Rolón, que el desarrollo de un amor maduro consta de tres etapa; el enamoramiento, la desilusión y la aceptación de la realidad.
Dice que en el primer momento, el amado es alguien maravilloso, carente de defectos, insuperable, y que esta casi endiosado.
En el segundo momento, empezamos a tomar conciencia de algunas imperfecciones en la persona amada. Esas imperfecciones nos generan desilusión y pena.
El tercer y último momento, es en el cual vemos y aceptamos al otro tal como es. Ni tan idealizado ni tan degradado. Ni dios, ni el demonio. Disfrutamos de sus virtudes y aceptamos sus faltas.
Yo hace cinco años que no soy capaz de superar la primera etapa.
Y por primera vez en mucho tiempo, me veo en condiciones de descubrir las cosas que no me gustan de él, que no son ni nulas ni demasiadas, y aceptarlo tal como es.
Porque lo veo como un ente, como un todo, con esas cosas que me encantan y con otras tantas que no tolero.
Lo acepto, lo recibo, lo amo.
A pesar de que gran parte de mí, intenta negarlo, intenta alejarme de esta certeza, y se niega a abrirse a otra persona por miedo a que pase lo mismo.
Pero no se puede vivir refugiado por el miedo.
Eso no es vivir.
Hoy me dijeron que lo que me falta es confianza en mí misma. No es sano seguir dando vueltas sobre lo que puedo o no hacer, mucho menos creer que todo se acerca más al no puedo, que al sí.
Por eso hoy pretendo cagarme en mi pasado, y abrirme una vez más, no con la certeza, pero sí con la esperanza de que va a ser diferente.
No voy a condicionarme ni limitarme a lo que yo considero que es una cantidad suficiente de amor para no sufrir.
Voy a dar lo que tengo para dar, esperando recibir algo a cambio.
Y voy a confiar, en que esta vez, tengo los recursos suficientes como para recibirlo.