lunes, 25 de enero de 2010

25.01.10 o Vol. XXVII

13.40 p.m.: Habíamos arrancado bien.
Estábamos bárbaro. Todo marchaba sobre ruedas. Todo genial.
Yo no sé cómo hacen para cagarme la vida en menos de una semana.
Fueron, no sé, 4? 5 días? 5 días en los que TODO eso que venia tan pum para arriba, se me fue todo a la chota, todo al re carajo.
O sea, no estoy mal, no estoy triste cosa de decir, uy que cagada, que mal la estoy pasando. Para nada.
Estoy recaliente.
Estoy con ganas de pararme en el medio de Florida y Lavalle con una ametralladora y cagar a tiros a cada boludo que pase.
Y sabés que es lo que más me molesta? Qué estoy segura que es todo obra de ese repelotudo!
Me voy a poner mística y pelotuda (para mi son dos conceptos que van juntos, holding hands), y sí, voy a decir que por haber sido conchuda con el cara de verga que se lo merecía ahora me pasa esto.
Un mogolico que tardo bastante más de lo que creí en llenarme las pelotas.
Sigo creyendo que mi Karma es extremista, y se va al re carajo castigando.
Pero no, loco, bancala. Voy a hacer mucho quilombo.
Con esto no se jode, a ver si somos claros.
Take it back o te noqueo.

viernes, 8 de enero de 2010

08.01.10 o Vol XXVI

14.20 p.m.: Hoy tuve un sueño de lo más raro.
No me acuerdo el principio, y definitivamente no me acuerdo el final.
Pero me acuerdo el concepto, y eso es lo que más me saca.
La forma que tiene el inconciente para remarcar lo que nos pasa.
Era algo más o menos así.
Mi perra había tenido dos cachorritos. Uno blanco y uno negro. El negro no me acuerdo como se llamaba, pero el (en realidad, LA) blanco se llamaba Luna.
Si me pongo a delirar puedo encontrar tresmil similitudes entre el nombre y mi realidad, de hecho acabo de encontrar una más.
Pero eso no es lo importante.
Luna era como yo, en muchos aspectos (excepto claro, por el hecho de que era un cachorro)
Mi perra cuidaba sólo al negro, supongo que porque era como ella.
Y Luna quedaba sóla. entonces la cuidaba yo.
Llegué a encariñarme mucho más con Luna que con el otro cachorrito.
Y con ella era felíz. Sé que suena idiota pensar que alguien puede ser felíz con un perro.
Pero lo era todo para mí.
Y de repente, un día, Luna desapareció. No estaba más, y no me acuerdo bien, pero creo que alguien me dijo que se había muerto.
Yo no paraba de llorar. Me sentía vacía.
Me faltaba mi Luna.
Con el tiempo el otro cachorrito creció, pero nunca llegó a ser Luna. Nunca lo quise como a ella, nunca fue cómo ella.

No quiero pensar que refleja mi realidad.
No puedo pensar que me estoy equivocando.
No me sirve.
Tengo que dejar que Luna se vaya...