lunes, 2 de noviembre de 2009

02.11.09 o Vol. XVII

05.21 p.m.: Las malas noticias suelen cumplir un ciclo en mí.
Apenas las recibo me agarra la angustia y el llanto prolongado, con algunos indicios de histeria, como por ejemplo algún que otro gritito ahogado o algún balanceo a lo autista.
Conlleva consigo una depresión media, y un desgano absoluto. A veces varía y entra por el lado de la angustia oral (entro a comer como una vaca).
Suele durar entre 10 minutos y 2 días dependiendo de la gravedad del asunto.
La segunda etapa consiste en el enojo. La ira automatizada para salir en forma de puteada. Caracterizada principalmente por el mal humor y la intolerancia en su máximo potencial para con todo el mundo.
Esta fase suele durar entre 2 y 3 días.
La tercera etapa es la aceptación, acompañada por el orgullo mal impuesto. Significa que oculto que todavía me sigue doliendo mediante la posición de “nada me importa”.
Suele durar hasta que el tema se elimina de mi mente.
Esta vez, por alguna razón, no estoy consiguiendo llegar a la segunda etapa.
Estoy atascada en la angustia y la depresión, las ganas de nada, la impotencia, la pelotudes humana resumida.
Ta bueno eh, bien la flaca. Inteligente lo mío.
No entiendo hasta qué punto puede afectar algo que ya ves venir.
O sea, hay que ser bastante pelotudo para darse manija con algo que ya era hiper súper extra previsible.
Ahí es donde entra la bronca por no haberme dado cuenta. Estaba esperando el telegrama o qué? Más claro le hubiera echado agua. Qué pelotuda dios!
Eso me pasa por escuchar a la gente, por dejarlos llenarme la cabeza.
No soy invencible. No soy única. No soy original.
Era esperable que se diera cuenta, pero no tenía por qué haber sido tan rápido…

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