lunes, 14 de junio de 2010

14.06.10 o Vol. XXX

13.32 p.m.: No suelo ser así.
Lo amo, no le deseo ningún mal, y un sector de mi cerebro se mantiene feliz por la oportunidad que obtuvo.
El otro 70% de mí está envenenado. La envidia se convirtió en una sustancia espesa como petróleo.
Me corroe, me enferma, me excede.
Repito, no quiero que se le retire su oportunidad, pero me altera que no llegue la mia.
Hasta cuando voy a tener que convivir con mi propia mediocridad?
Cuanto tiempo más tengo que aguantar para alcanzar una meta, para obtener una experiencia que me llene, que libere todo lo que tengo guardado, sin siquiera saber el potencial que hay dentro mío?
Estoy cansada. Cansada de ver los logros de otros. Cansada de comprobar con mis propios ojos que el dicho "Dios le da pan al que no tiene dientes" no puede ser mas certero.
Y bajo que enfermizo plan universal se les permite ubicar a la persona que más amo con la que más odio cumpliendo el sueño que YO tengo?
Lo que sea que estén haciendo no me resulta ni remotamente gracioso, mucho menos respetable.
Quiero enfocar mis energías en mí, en alcanzar, en liberar, en disfrutar, y cómo se supone que lo haga si lo único en lo que puedo pensar es en eso?
Cómo se supone que puedo darle paso libre a mi felicidad, a mi capacidad, cuando tengo el cuerpo tieso, el alma cerrada y el corazón como piedra?
Si yo sé que es mío, lo merezco, y lo deseo con todo lo que tengo.
Sé que sólo requiere de mí para que pueda abrazarlo y dejarme embargar por esa sentimiento de realizamiento.
Entonces necesito paz.
Necesito espacio para aclarar (iba a decir mis ideas pero creo que ya están bastante claras.
Irónico que haya utilizado esa justa palabra con la oscuridad que tengo adentro).
Sacar todo lo que me pesa, lo que me ralentiza, lo que me anula.
Por fin pude entender mi mecanismo.
Por fin soy capaz de cualquier cosa que me proponga.

No hay comentarios: