Entre las 04.00 y las 6.00 a.m.: Ahora sí, con la suma del alcohol y su presencia se me fue la impermeabilidad al re carajo. Esto no va a terminar bien, me conozco. Me encantaría decirle todo ya, pero tiene una timidez tan característica y particular que me priva de ser yo misma. Esto es bastante similar a una tortura. Similar onda idéntico. No fui hecha para tolerar la espera. Definitivamente. Esto es un gastadero de tiempo absoluto.
Intervalo.
Esto sigue igual de jodido. Sigo remando como Simbad perdido en los siete mares. Ya me estoy empezando a sacar. Esto así no funciona, no camina, no carbura. (Acá va un “te amo” que me escribió Ro). En este momento estoy en condiciones de afirmar que tengo algo que lo repele de alguna manera. No puede ser que salga corriendo cada vez que me acerco.
Otro intervalo.
A la hora de la despedida tuve una fight interna sobre cómo saludarlo.
Finalmente ganó el saludo frío que, obvio, no me sirvió para una mierda.
Es absoluta y totalmente más fuerte que yo.
Definitivamente esto del amor no es lo mío. No hay forma de encajarme en este sistema.
Me acabo de percatar de una lastimadura que supongo me hice en el transcurso de la noche vaya uno a saber con qué.
Pero tiene rastros de sangre y todo (agradable, lo sé).
12.58 p.m.: Wow, tengo un fatalismo insertado en la cabeza que asusta.
Si les digo que soy feliz porque me voy a comer los ravioles de mi abuela voy a quedar muy loca. Pero juro que si.
Tengo copiada una frase un par de renglones más arriba que la quería poner únicamente porque me hizo reír mucho decirla, estábamos arreglando para salir con Rochi, y no se porque dije “paso por el quiosco y me monto un taxi”.
… Me monto? Ok Maggie, ya me afecto la lluvia.
Honestamente me encantaría (sí, había puesto quedaría) quedarme a escribir, pero me llaman unos ravioles y un primo divino del otro lado de la ciudad.
Yo opino que vuelvo después, no se vos.
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